Fiestas, parques y atracciones son los que realizan en el penal, según visitantes
El
centro penitenciario José Antonio Anzoátegui, conocido como “Puente
Ayala”, se convirtió en el centro comercial de familiares y amigos de
los prisioneros allí recluidos, al punto que hay quienes van de visita y
aseguran no querer salir.
En el penal, existen
privilegios para muchos presos que las personas que gozan de libertad
plena no se pueden permitir. Disponer de productos de la cesta básica
durante toda la semana en tiempos de desabastecimiento y “guerra
económica” es uno de ellos.
“Para estar pasando trabajo en una cola,
prefiero venirme al penal y me llevo de todo para la casa. Las rumbas
son buenísimas, duran hasta dos días”, expresó Mili, quien con solo 21
años, aseguró que se siente despreocupada porque sabe que allí, tiene
fijo los pañales para su hijo que además, procreó y gestó en la cárcel.
Según Mili, las condiciones de los
dormitorios y de salubridad no son las mejores, pero dijo que entre esa
realidad y la que observa lejos de los muros del penal, no hay muchas
diferencias.
Contó que desde hace tres años frecuenta
el lugar, al cual acudió en compañía de una amiga para un cumpleaños, y
salió tres días después con “bastante billete por unos favores”. Con 18
años en ese entonces, su codicia la llevó a mantener el contacto con
aquellos reos.
Aseveró que visita a su cónyuge cada 15
días, y con el dinero que hace alquilando teléfonos y vendiendo
cigarrillos, puede adquirir algunos productos escasos que no hay en los
supermercados de la zona.
“Mi pareja también hace algo de dinero
allí adentro y es como puedo hacer mercado. Allí se encuentra de todo,
desde ropa hasta carne y pollo, y sin colas. En oportunidades algunas
conocidas me dan dinero y me hacen pedidos, porque aunque son
revendidos, los precios no son tan exagerados”.
Al preguntarle si sabía cómo llegaban
los productos a Puente Ayala, respondió con molestia: “en eso no me
meto, pero eso hay que preguntárselo a los que dejan pasar la
mercancía”, mientras señalaba a la entrada del internado donde policías y
guardias nacionales, controlaban el acceso de las visitas.
A su lado, otra de las visitantes de la
cárcel, comentó que son los pranes los que se encargan de coordinar, son
el poder adquirido, la entrega de todo tipo de rubros en el recinto
penitenciario.
“Hay quienes vienen con más interés de
llevar sus artículos que ver a su conocido.”, dijo la mujer que se sumó
en la conversación.
Reveló que no hay cosas que los presos
no se permitan con la ayuda del dinero, lo que cada fin de semana, les
permite armar la fiesta para ellos o sus visitas, en las cuales no se
escatiman gastos; fiestas que pueden ir desde “unos tragos sociales con
cervezas y bailes, hasta alquiler de festejos, tarimas y orquestas en
vivo”.
La verdad invisible
Pese a que esta situación es del conocimiento público, los organismos parecen no inmutarse.
El defensor del pueblo en el estado
Anzoátegui, Rafael Hurtado, aseguró no recibir denuncias sobre lo que
sucede dentro del internado en cuanto a la llegada de alimentos o de las
fiestas, aunque sobre esto último, admitió que son muchos los rumores
de “rumbones de otro mundo pero de eso nadie se queja”.
El funcionario público aseveró que
mejorar las condiciones del retén de Puente Ayala, pasa por resolver el
hacinamiento, sin embargo, agregó que ese tema es muy delicado para
solucionarlo de una vez por todas.
El Internado Judicial José Antonio
Anzoátegui, fue construido con una capacidad para 750 reclusos, alberga
2.295 reclusos, según el Observatorio Venezolano de Prisiones, lo que
representa una sobrepoblación de 206%
En junio pasado, el representante
nacional de la Defensoría del Pueblo, anunció la solución al
hacinamiento en los calabozos del comando de la Policía del Estado
Anzoátegui, con el propósito de pasar a los ya condenados al penal de
Puente Ayala, lo que hasta ahora, según Hurtado, sigue retrasándose.
Pero Hurtado, reveló un problema aún más
delicado, al denunciar que existen funcionarios policiales con medidas
privativas de libertad y retenidos en centros de coordinación policial,
que salen los fines de semana de sus encierros a perpetrar delitos como
hurtos y homicidios, lo cual se ha reflejado en investigaciones para
esclarecer esos casos.
Dijo que sobre eso, se adelantan trabajos con el Tribunal Supremo de Justicia para buscar soluciones.
Todo es un negocio
Alrededor de la penitenciaría abundan
los locales en los que cualquier idea es buena para generar algún
beneficio económico. Al frente de la cárcel, pese a la presencia de
funcionarios policiales y castrenses, los productos de primera necesidad
son comercializados a precios de bachaqueros, aunque a nivel nacional y
regional las autoridades gubernamentales le han declarado a guerra a la
reventa de alimentos. “Se guardan bolsos”, es el cartel en el local de
una de las comerciantes que semanalmemte le genera más de Bs. 300 mil,
de los cuales debe pagar su impuesto al pran para trabajar.
ElNorte.com.ve / Del Valle Díaz