En Venezuela es ilegal pegarle a un menor de edad,
pero es una práctica que se mantiene. Y ha dejado saldos. Según Cecodap
32 chamos murieron en 2014 por quien les dio la vida
Vecinos declararon a la prensa que el hermano de la víctima, al ver que ella no reaccionaba, gritó por la ventana: “¡Mi mamá mató a mi hermana!”. Quienes estaban cerca entraron a auxiliarla. Llevaron a la adolescente al hospital. Pero la golpiza había sido muy feroz: una fractura en el cráneo. Llegó sin vida.
Ese mismo día, la mujer fue detenida por la División Contra Homicidios del Cuerpo de Investigaciones, Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc).
Ya han casi pasado tres meses. Si se les pregunta por lo ocurrido a los vecinos que caminan presurosos por el lugar de la tragedia, se detienen, señalan la casa y dicen frases como estas: “Esa tipa estaba loca”; ” ¿Es que no tenía sangre en la venas?”, “No pongas mi nombre, pero esa es una drogadicta”. “No quiero hablar de eso, me pone muy mal, fue muy feo”. “No las conocía, pero eso es impactante”.
“Todo el mundo sabía que podía ocurrir algo así”.
Insisten, incluso, en que la jovencita había quedado ciega por los maltratos de la madre. Pero el papá, Félix Rolet, quien declaró a la prensa luego de lo sucedido, lo desmintió.
“Nació con problemas de visión, pero con tratamiento y lentes se pudo corregir. Hace tres años perdió la vista del ojo izquierdo y días después la del otro. La empresa en la que trabajaba me ayudó a conseguir dinero para operarla, pero los doctores nos dijeron que iba a quedar ciega de por vida”, le dijo a un portal informativo. Pero también señaló la tendencia agresiva de Arroyo.
“Me amenazaba con irse a Colombia y llevarse a mis hijas. Una vez llegué amanecido a la casa y me rompió una botella en la cabeza. Era muy celosa. Resolví irme a Santa Teresa del Tuy. Siempre estuve en contacto hasta que cambió de número. Desde hace dos años no la veía”.
Tal como lo sostienen los vecinos, él afirma que su expareja consumió drogas, “pero las dejó cuando comenzó conmigo, no sé si después las retomó”.
Vulnerables en casa
Sucede que para algunos niños, las madres, los padres -familiares en general- no significan protección. Así como pasó con la hija invidente de Arroyo este año, en 2014, 32 chamos perdieron la vida en manos de quien se las dio. Eso sin contar los doce que murieron asesinados por un tío, un hermano, el primo, el padrastro, la madrastra.
En total, en ese lapso, al menos 482 niños, niñas y adolescentes (NNA) fueron violentados en su propio hogar, de los cuales 138 tenían edades entre los cero meses y los seis años.
Esas cuentas forman parte de lo que reportó el más reciente estudio sobre violencia que anualmente publica la Organización No Gubernamental (ONG) Cecodap, dedicada a promover el buen trato y los derechos de la niñez y adolescencia.
La investigación, basada en una revisión hemerográfica de nueve diarios nacionales y 34 regionales –entre los que estuvo El Tiempo-, inquietó a la ONG. “El hogar ya no es un lugar seguro para los más pequeños”, es la lectura que hace de las estadísticas de maltrato familiar Fernando Pereira, coordinador de Cecodap.
La preocupación de Pereira tiene fundamento: mientras en 2013 se violentaron a 249 niños, niñas o adolescentes en sus casas, en 2014 fueron 482.
Carla Villamediana, quien llevó a cabo la recolección de los datos, señala que lo presentado por la ONG es apenas una muestra. “No es la totalidad de los casos, son apenas los que publicaron los periódicos que nosotros monitoreamos. No podemos generalizar”.
Eso intranquiliza aún más a Pereira: “Los casos que manejamos, que son los que salen en prensa, generalmente son los más lamentables, son casos fatales, y aún así casi se duplicó de un año a otro. ¿Y los que no publica la prensa, que no se ven reflejados en el estudio?”.
La investigación cita frases sueltas, extraídas de las notas periodísticas analizadas, que son titulares del horror: “A golpes murió de 22 días de nacido”; “Hallan cadáver de recién nacido en pozo séptico”; “Niño no resistió brutal agresión de sus padres; “Lo asfixió con trapo en la boca porque el niño era hiperactivo”; “Le pegué con la correa y después con el puño en la cabeza”, “Confesó que quemó a su hija”.
Sin entrar en ley
No es mejor un correazo a tiempo. A veces puede ser letal. De hecho, en Venezuela el castigo físico a NNA es ilegal desde 2007, cuando se reformó la Ley Orgánica para la Protección de los NNA (Lopnna).
En el artículo 32 quedó establecido que los niños“tienen derecho a la integridad personal”, lo cual “comprende la integridad física, psíquica y moral”. El texto deja claro: “No pueden ser sometidos a torturas, ni a otras penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes (…) El Estado, las familias y la sociedad deben protegerlos de cualquier forma de explotación, maltrato, torturas, abusos o negligencias que afecten su integridad personal”.
El artículo 32-A de esa legislación agrega: “Todos los NNA tienen derecho (...) a una crianza y educación no violenta, basada en el amor, el afecto, la comprensión mutua, el respeto recíproco y la solidaridad. El padre, la madre, representantes, responsables, tutores, tutoras, familiares, educadores y educadoras deberán emplear métodos no violentos en la crianza, formación, educación y corrección de los NNA (...) se prohíbe cualquier tipo de castigo físico o humillante”.
Con ese par de artículos, Venezuela se convirtió en el segundo país de Latinoamérica en prohibir el maltrato a los menores de edad.
La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1989, exige a los Estados adoptar medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas, para proteger a los chamos de cualquier maltrato.
Porque no es un asunto menor: en 2006, un estudio de Unicef concluyó que cada año 80 mil NNA mueren a causa de la violencia doméstica.
En 2011, un niño venezolano murió en Portuguesa por la golpiza que le propinó la compañera de su madre.
En ese momento se pronunció la entonces defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, y reconoció la necesidad de que se promoviera el buen trato que establece la legislación: “Tenemos la responsabilidad de inspeccionar los consejos de derechos, donde los adolescentes acuden a denunciar una agresión o amenazas a sus derechos (…) Consideramos conveniente elaborar un protocolo de detección temprana e intervención oportuna.”
Pero nada ha sido suficiente para frenar la situación. Lo demuestran reportes como el de Cecodap. Elena Abreu, presidenta del Cmdnna de Girardot (Aragua), asegura que recibió 40 denuncias el año pasado. Milángela Pérez, consejera de protección de Cantaura, informó que el año pasado registró más de 50 episodios de violencia familiar.Detalló que la mayoría involucró a padres y madres.
La Coromoto, Las Minas de Baruta, al sureste de la
ciudad, es una zona popular como cualquier otra en Caracas: escaleras
estrechas y empinadas, casas de bloques rojos, muy juntas. Este sector,
que lleva el nombre de la virgen patrona de Venezuela, apareció en enero
pasado en las páginas de sucesos de los diarios por una tragedia.
Nasiris
Carolina Arroyo -30 años- llegó de su casa y encontró a su hija de 12
años, invidente, llena de vómito. La mujer se molestó: la empujó por las
escaleras, la llevó al sótano de la casa y allí la golpeó en la cabeza
con un tubo. Vecinos declararon a la prensa que el hermano de la víctima, al ver que ella no reaccionaba, gritó por la ventana: “¡Mi mamá mató a mi hermana!”. Quienes estaban cerca entraron a auxiliarla. Llevaron a la adolescente al hospital. Pero la golpiza había sido muy feroz: una fractura en el cráneo. Llegó sin vida.
Ese mismo día, la mujer fue detenida por la División Contra Homicidios del Cuerpo de Investigaciones, Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc).
Ya han casi pasado tres meses. Si se les pregunta por lo ocurrido a los vecinos que caminan presurosos por el lugar de la tragedia, se detienen, señalan la casa y dicen frases como estas: “Esa tipa estaba loca”; ” ¿Es que no tenía sangre en la venas?”, “No pongas mi nombre, pero esa es una drogadicta”. “No quiero hablar de eso, me pone muy mal, fue muy feo”. “No las conocía, pero eso es impactante”.
“Todo el mundo sabía que podía ocurrir algo así”.
Insisten, incluso, en que la jovencita había quedado ciega por los maltratos de la madre. Pero el papá, Félix Rolet, quien declaró a la prensa luego de lo sucedido, lo desmintió.
“Nació con problemas de visión, pero con tratamiento y lentes se pudo corregir. Hace tres años perdió la vista del ojo izquierdo y días después la del otro. La empresa en la que trabajaba me ayudó a conseguir dinero para operarla, pero los doctores nos dijeron que iba a quedar ciega de por vida”, le dijo a un portal informativo. Pero también señaló la tendencia agresiva de Arroyo.
“Me amenazaba con irse a Colombia y llevarse a mis hijas. Una vez llegué amanecido a la casa y me rompió una botella en la cabeza. Era muy celosa. Resolví irme a Santa Teresa del Tuy. Siempre estuve en contacto hasta que cambió de número. Desde hace dos años no la veía”.
Tal como lo sostienen los vecinos, él afirma que su expareja consumió drogas, “pero las dejó cuando comenzó conmigo, no sé si después las retomó”.
Vulnerables en casa
Sucede que para algunos niños, las madres, los padres -familiares en general- no significan protección. Así como pasó con la hija invidente de Arroyo este año, en 2014, 32 chamos perdieron la vida en manos de quien se las dio. Eso sin contar los doce que murieron asesinados por un tío, un hermano, el primo, el padrastro, la madrastra.
En total, en ese lapso, al menos 482 niños, niñas y adolescentes (NNA) fueron violentados en su propio hogar, de los cuales 138 tenían edades entre los cero meses y los seis años.
Esas cuentas forman parte de lo que reportó el más reciente estudio sobre violencia que anualmente publica la Organización No Gubernamental (ONG) Cecodap, dedicada a promover el buen trato y los derechos de la niñez y adolescencia.
La investigación, basada en una revisión hemerográfica de nueve diarios nacionales y 34 regionales –entre los que estuvo El Tiempo-, inquietó a la ONG. “El hogar ya no es un lugar seguro para los más pequeños”, es la lectura que hace de las estadísticas de maltrato familiar Fernando Pereira, coordinador de Cecodap.
La preocupación de Pereira tiene fundamento: mientras en 2013 se violentaron a 249 niños, niñas o adolescentes en sus casas, en 2014 fueron 482.
Carla Villamediana, quien llevó a cabo la recolección de los datos, señala que lo presentado por la ONG es apenas una muestra. “No es la totalidad de los casos, son apenas los que publicaron los periódicos que nosotros monitoreamos. No podemos generalizar”.
Eso intranquiliza aún más a Pereira: “Los casos que manejamos, que son los que salen en prensa, generalmente son los más lamentables, son casos fatales, y aún así casi se duplicó de un año a otro. ¿Y los que no publica la prensa, que no se ven reflejados en el estudio?”.
La investigación cita frases sueltas, extraídas de las notas periodísticas analizadas, que son titulares del horror: “A golpes murió de 22 días de nacido”; “Hallan cadáver de recién nacido en pozo séptico”; “Niño no resistió brutal agresión de sus padres; “Lo asfixió con trapo en la boca porque el niño era hiperactivo”; “Le pegué con la correa y después con el puño en la cabeza”, “Confesó que quemó a su hija”.
Sin entrar en ley
No es mejor un correazo a tiempo. A veces puede ser letal. De hecho, en Venezuela el castigo físico a NNA es ilegal desde 2007, cuando se reformó la Ley Orgánica para la Protección de los NNA (Lopnna).
En el artículo 32 quedó establecido que los niños“tienen derecho a la integridad personal”, lo cual “comprende la integridad física, psíquica y moral”. El texto deja claro: “No pueden ser sometidos a torturas, ni a otras penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes (…) El Estado, las familias y la sociedad deben protegerlos de cualquier forma de explotación, maltrato, torturas, abusos o negligencias que afecten su integridad personal”.
El artículo 32-A de esa legislación agrega: “Todos los NNA tienen derecho (...) a una crianza y educación no violenta, basada en el amor, el afecto, la comprensión mutua, el respeto recíproco y la solidaridad. El padre, la madre, representantes, responsables, tutores, tutoras, familiares, educadores y educadoras deberán emplear métodos no violentos en la crianza, formación, educación y corrección de los NNA (...) se prohíbe cualquier tipo de castigo físico o humillante”.
Con ese par de artículos, Venezuela se convirtió en el segundo país de Latinoamérica en prohibir el maltrato a los menores de edad.
La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1989, exige a los Estados adoptar medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas, para proteger a los chamos de cualquier maltrato.
Porque no es un asunto menor: en 2006, un estudio de Unicef concluyó que cada año 80 mil NNA mueren a causa de la violencia doméstica.
En 2011, un niño venezolano murió en Portuguesa por la golpiza que le propinó la compañera de su madre.
En ese momento se pronunció la entonces defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, y reconoció la necesidad de que se promoviera el buen trato que establece la legislación: “Tenemos la responsabilidad de inspeccionar los consejos de derechos, donde los adolescentes acuden a denunciar una agresión o amenazas a sus derechos (…) Consideramos conveniente elaborar un protocolo de detección temprana e intervención oportuna.”
Pero nada ha sido suficiente para frenar la situación. Lo demuestran reportes como el de Cecodap. Elena Abreu, presidenta del Cmdnna de Girardot (Aragua), asegura que recibió 40 denuncias el año pasado. Milángela Pérez, consejera de protección de Cantaura, informó que el año pasado registró más de 50 episodios de violencia familiar.Detalló que la mayoría involucró a padres y madres.
El deber de denunciar
Gloriana Farías, presidenta del Cmdnna del municipio Chacao, insis te en que es derecho de todo ciudadano denunciar cualquier violación de derechos de los niños y adolescentes. Recuerda que, los profesionales de la salud y de la educación tienen la obligación de hacerlo. Explica que los consejos de protección son las instancias idóneas, toda vez que pueden dictar medidas inmediatas ante casos de maltrato familiar.
Gloriana Farías, presidenta del Cmdnna del municipio Chacao, insis te en que es derecho de todo ciudadano denunciar cualquier violación de derechos de los niños y adolescentes. Recuerda que, los profesionales de la salud y de la educación tienen la obligación de hacerlo. Explica que los consejos de protección son las instancias idóneas, toda vez que pueden dictar medidas inmediatas ante casos de maltrato familiar.